sábado, 26 de noviembre de 2016

UN INVIERNOO EN NAGANO(NAGAO NO FUYU):PARTE III

UN INVIERNO EN NAGANO(NAGANO NO FUYU)


PARTE III:

Sintiendo la humillación bajo la piel, más fuertemente que nunca, me levanté de tu lecho, me vestí, y corrí escaleras abajo.
-Volverás-dijiste, mordiendo las palabras contra el cigarrillo que colgaba de tus labios-Siempre volverás.




a piel, más fuertemente que nunca, me levanté de tu lecho, me vestí, y corrí escaleras abajo.
No sé por cuánto tiempo anduve sin rumbo fijo atravesando las calles de aquel triste suburbio en el que habías elegido vivir.Cuando resolví por fin volver al sitio en donde siempre solía dejar mi automóvil, advertí que había olvidado algo, no recuerdo exactamente qué cosa.Tal vez fueran las mismas llaves del auto, o algo más importante...
Detestaba hacerlo, pero tenía que regresar a tu apartamento.
Y regresé.
-Iori...Soy yo...Ábreme, por favor...Olvidé algo, y...
Para mi sorpresa, la puerta estaba abierta.La empujé, entré...
Y te vi.
En medio de un lago púrpura que brotaba de tus muñecas, caído en el piso de tu alcoba, pálido, desangrándote...
Lleno de terror, me arrodillé a tu lado, te llamé, busqué por todos los medios detener la avalancha violácea de tu sangre.

Recuerdo haber llamado a un servicio paramédico cualquiera, prácticamente desconocido, y observar cómo restañaban tu sangre mirándose entre ellos, preguntándose:"Qué es esto?!"
A poco volviste en ti.Tu contextura vigorosa pudo más que la hemorragia, que, sin embargo, fue considerable.
Yo no sabía aún , entonces, que habían existido otros intentos anteriores.
[Mascaradas?...Burdo teatro?...Trucos para atraer la atención?...]
Yo no sabría decir, ni aun hoy, cuánto de simulación y cuánto de dolorosa verdad se escondían detrás de tus tentativas de suicidio.

Pero al día siguiente renté esta cabaña, aquí, en las afueras de Nagano[bastante alejada del ejido urbano], por todo el resto de aquel invierno.
Y escapamos.Huimos de los cien mil ojos indiscretos , de las miradas capciosas, del bisbiseo entre burlón y horrorizado , que nos perseguían cada vez que entrábamos juntos a cualquier sitio, en cualquier parte del mundo.
V
Aquellos días de invierno en Nagano fueron los más felices de mi vida.Pude verte sonreir[por primera vez!]como un niño ante la gran chimenea de piedra , tostando almendras y castañas, o sentado junto a la ventana, con tu vieja guitarra, improvisando siempre, mirando hacia el lago helado que te devolvía el exacto color de tus ojos, observando el esqueleto del único árbol que se levantaba junto a la cerca, o , más allá, el bosque de abetos, siempre en sombras.
Y recuerdo particularmente un anochecer encantado.
Tu estabas allí, junto a la ventana, sentado en un escabel, con los pies descalzos sobre la vieja y remanida piel de oso.Vestías aquellos pantalones de camuflaje, y el suéter negro de cuello alto.Los rojos cabellos cayéndote hasta casi los hombros, la barba crecida, un cierto desaliño en tu persona que te hacía aún más atractivo[si es que ello era posible!]...
Aferrabas tu guitarra, apoyándola en tus rodillas y estrechándola contra la inmensidad de tu pecho.
Desde la pequeña cocina yo podía observarte, en tanto preparaba alguna cosa para la cena.
-Prefieres más jamón o más salame sobre tu pizza?
-Más de todo.Y no olvides poner sobre el menjunje ése que estas preparando, un buen bistec a medio cocer, cortado en trozos grandes.Me muero de hambre.
-Eres incorregible!-me volví hacia ti, y me acerqué a preguntarte:
-Qué estás haciendo?
-Algo.Quieres escucharlo?
-Ahora no...Espera a que termine con la cena, y...
-Olvida eso.Deja todo, y ven aquí.
Fui a sentarme sobre la gastada piel de oso, a tus pies, observando como tus largos dedos, los más largos que había visto en toda mi vida, vagaban casi sin rumbo sobre las cuerdas de tu guitarra, buscando una melodía, y hallándola.Las notas de aquella canción eran profundamente tristes, hondamente melancólicas.De tanto en tanto alzabas los ojos de los trastes, para mirarme.
Creo que estabas sonriendo...
Sin soltar tu guitarra, aferrándola con tu brazo, te deslizaste desde la butaca hasta la piel de oso, enlazándome con el brazo que te quedaba libre, atrayéndome hacia ti, para besarme largamente en la boca, en los ojos, en la frente y las mejillas, para jugar con tu lengua en mis orejas y en mi cuello, despertando las palomas y los tigres del deseo.
Así.Simplemente.Sin decir más palabras, ni dejar de aferrar el cuerpo de madera de tu vieja guitarra, me estrechaste aún más contra la enorme soledad de tu pecho, como si quisieras meterme alli, con tu guitarra, con toda tu música, atravesándote tú mismo la piel, la carne y los huesos.
Después...Claro...Fui tuyo una vez mas...
Pero de una manera diferente.
Mi rostro se apoyaba en el cristal de la ventana, rodeado de nieve y escarcha, empañándolo con el halo tibio de mi aliento.Tu cuerpo era la fuerte armadura que me empujaba desde atrás, dulcemente, abriéndose paso con un gemido nuevo en cada contracción de nuestros músculos, que, ahora tensos como las mismas cuerdas de tu guitarra[ que a pesar de todo no soltabas], vibraban al unísono, como nunca antes, en un mundo secreto y nuestro, en un mundo donde ya no existían las palabras.Cada vez que entrabas y salías de mi cuerpo, lentamente, como nunca[ya no eran tus hachazos, tus salvajes estocadas buscando la oscuridad de un fondo que siempre alcanzabas justo en el momento en que explotaba mi delirio], yo sentía que mi sangre hacía una fiesta de gozo sereno, de gozo indescriptible.
Me abrazabas junto con tu guitarra.Como si yo fuese una canción.
Y el dolor no existía...ni el miedo...ni la vergüenza...
Fue largo y profundo aquel abrazo.Fue un acto sin prisa, sin apremio, sin urgencias.Lentamente subimos juntos por el sinuoso camino del deseo, para dejarnos caer, también juntos, sin decir palabra:yo, gritando tu nombre, pero sin voz, hacia dentro, sintiéndome incapaz de articular sonido alguno...Y tú...Quién sabe!...Quizás escuchando a cada célula de mi cuerpo gritar:"Te amo!!!"...
Aishiteru...
Fue una de las pocas veces en que caímos juntos , exactamente al mismo tiempo, sin que mediara ni un solo segundo, en medio de un profundo mar de orgasmo.
Jamás había sido tan perfecto.
Y , tal vez, jamas habría de volver a serlo.
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UN INVIERNO EN NAGANO(NAGAO NO FUYU):PARTE III

UN INVIERNO EN NAGANO(NAGANO NO FUYU)


PARTE III:

Sintiendo la humillación bajo la piel, más fuertemente que nunca, me levanté de tu lecho, me vestí, y corrí escaleras abajo.
-Volverás-dijiste, mordiendo las palabras contra el cigarrillo que colgaba de tus labios-Siempre volverás.




a piel, más fuertemente que nunca, me levanté de tu lecho, me vestí, y corrí escaleras abajo.
No sé por cuánto tiempo anduve sin rumbo fijo atravesando las calles de aquel triste suburbio en el que habías elegido vivir.Cuando resolví por fin volver al sitio en donde siempre solía dejar mi automóvil, advertí que había olvidado algo, no recuerdo exactamente qué cosa.Tal vez fueran las mismas llaves del auto, o algo más importante...
Detestaba hacerlo, pero tenía que regresar a tu apartamento.
Y regresé.
-Iori...Soy yo...Ábreme, por favor...Olvidé algo, y...
Para mi sorpresa, la puerta estaba abierta.La empujé, entré...
Y te vi.
En medio de un lago púrpura que brotaba de tus muñecas, caído en el piso de tu alcoba, pálido, desangrándote...
Lleno de terror, me arrodillé a tu lado, te llamé, busqué por todos los medios detener la avalancha violácea de tu sangre.

Recuerdo haber llamado a un servicio paramédico cualquiera, prácticamente desconocido, y observar cómo restañaban tu sangre mirándose entre ellos, preguntándose:"Qué es esto?!"
A poco volviste en ti.Tu contextura vigorosa pudo más que la hemorragia, que, sin embargo, fue considerable.
Yo no sabía aún , entonces, que habían existido otros intentos anteriores.
[Mascaradas?...Burdo teatro?...Trucos para atraer la atención?...]
Yo no sabría decir, ni aun hoy, cuánto de simulación y cuánto de dolorosa verdad se escondían detrás de tus tentativas de suicidio.

Pero al día siguiente renté esta cabaña, aquí, en las afueras de Nagano[bastante alejada del ejido urbano], por todo el resto de aquel invierno.
Y escapamos.Huimos de los cien mil ojos indiscretos , de las miradas capciosas, del bisbiseo entre burlón y horrorizado , que nos perseguían cada vez que entrábamos juntos a cualquier sitio, en cualquier parte del mundo.
V
Aquellos días de invierno en Nagano fueron los más felices de mi vida.Pude verte sonreir[por primera vez!]como un niño ante la gran chimenea de piedra , tostando almendras y castañas, o sentado junto a la ventana, con tu vieja guitarra, improvisando siempre, mirando hacia el lago helado que te devolvía el exacto color de tus ojos, observando el esqueleto del único árbol que se levantaba junto a la cerca, o , más allá, el bosque de abetos, siempre en sombras.
Y recuerdo particularmente un anochecer encantado.
Tu estabas allí, junto a la ventana, sentado en un escabel, con los pies descalzos sobre la vieja y remanida piel de oso.Vestías aquellos pantalones de camuflaje, y el suéter negro de cuello alto.Los rojos cabellos cayéndote hasta casi los hombros, la barba crecida, un cierto desaliño en tu persona que te hacía aún más atractivo[si es que ello era posible!]...
Aferrabas tu guitarra, apoyándola en tus rodillas y estrechándola contra la inmensidad de tu pecho.
Desde la pequeña cocina yo podía observarte, en tanto preparaba alguna cosa para la cena.
-Prefieres más jamón o más salame sobre tu pizza?
-Más de todo.Y no olvides poner sobre el menjunje ése que estas preparando, un buen bistec a medio cocer, cortado en trozos grandes.Me muero de hambre.
-Eres incorregible!-me volví hacia ti, y me acerqué a preguntarte:
-Qué estás haciendo?
-Algo.Quieres escucharlo?
-Ahora no...Espera a que termine con la cena, y...
-Olvida eso.Deja todo, y ven aquí.
Fui a sentarme sobre la gastada piel de oso, a tus pies, observando como tus largos dedos, los más largos que había visto en toda mi vida, vagaban casi sin rumbo sobre las cuerdas de tu guitarra, buscando una melodía, y hallándola.Las notas de aquella canción eran profundamente tristes, hondamente melancólicas.De tanto en tanto alzabas los ojos de los trastes, para mirarme.
Creo que estabas sonriendo...
Sin soltar tu guitarra, aferrándola con tu brazo, te deslizaste desde la butaca hasta la piel de oso, enlazándome con el brazo que te quedaba libre, atrayéndome hacia ti, para besarme largamente en la boca, en los ojos, en la frente y las mejillas, para jugar con tu lengua en mis orejas y en mi cuello, despertando las palomas y los tigres del deseo.
Así.Simplemente.Sin decir más palabras, ni dejar de aferrar el cuerpo de madera de tu vieja guitarra, me estrechaste aún más contra la enorme soledad de tu pecho, como si quisieras meterme alli, con tu guitarra, con toda tu música, atravesándote tú mismo la piel, la carne y los huesos.
Después...Claro...Fui tuyo una vez mas...
Pero de una manera diferente.
Mi rostro se apoyaba en el cristal de la ventana, rodeado de nieve y escarcha, empañándolo con el halo tibio de mi aliento.Tu cuerpo era la fuerte armadura que me empujaba desde atrás, dulcemente, abriéndose paso con un gemido nuevo en cada contracción de nuestros músculos, que, ahora tensos como las mismas cuerdas de tu guitarra[ que a pesar de todo no soltabas], vibraban al unísono, como nunca antes, en un mundo secreto y nuestro, en un mundo donde ya no existían las palabras.Cada vez que entrabas y salías de mi cuerpo, lentamente, como nunca[ya no eran tus hachazos, tus salvajes estocadas buscando la oscuridad de un fondo que siempre alcanzabas justo en el momento en que explotaba mi delirio], yo sentía que mi sangre hacía una fiesta de gozo sereno, de gozo indescriptible.
Me abrazabas junto con tu guitarra.Como si yo fuese una canción.
Y el dolor no existía...ni el miedo...ni la vergüenza...
Fue largo y profundo aquel abrazo.Fue un acto sin prisa, sin apremio, sin urgencias.Lentamente subimos juntos por el sinuoso camino del deseo, para dejarnos caer, también juntos, sin decir palabra:yo, gritando tu nombre, pero sin voz, hacia dentro, sintiéndome incapaz de articular sonido alguno...Y tú...Quién sabe!...Quizás escuchando a cada célula de mi cuerpo gritar:"Te amo!!!"...
Aishiteru...
Fue una de las pocas veces en que caímos juntos , exactamente al mismo tiempo, sin que mediara ni un solo segundo, en medio de un profundo mar de orgasmo.
Jamás había sido tan perfecto.
Y , tal vez, jamas habría de volver a serlo.
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UN INVIERNO EN NAGANO(NAGANO NO FUYU): PARTE II


PARTE II:



[Nagano, Enero 5, 2007]
Hoy fue un dia particularmente frío en esta solitaria cabaña junto al lago de hielo azul oscuro[exactamente como eran tus ojos].
Hoy hizo más frío que de costumbre.Nevó por la mañana, y al mediodía la ausencia del Sol se llevó la poca luz que aún había en tu ventana.
[Porque sigue siendo TU ventana).
Cuando volvía de cortar la leña para tostar las almendras que jamás comías, pero que tanto te alegraban con su aroma íntimo y fugaz, recordé los días previos a nuestra huída.
Cuatro años llevaba ya ahogándome en el lago cenagoso de tus besos, duros pero indispensables, como aquel último trago de sake que alegra[llevándose las penas como el viento], de tanto en tanto, la garganta de un viejo.
Cuatro largos años escondiendo la vergüenza atroz de ser tu amante.
Fingiendo[en realidad fingía?...]que te odiaba, maldiciendo tu nombre bajo el Sol.
Pero, cuando asomaba la Luna...y más aún si su creciente trágico se orientaba con sus cuernos prestos a clavarse en mi pecho...todo lo olvidaba...todo lo dejaba...y corría a tus brazos!...
No sé por cuánto tiempo me sumergía en tus besos antes de dejarme caer para recibir la adorada carga de tu cuerpo en el mío, bebiendo de tu urgencia de macho perpetuamente en celo, saboreando la amargura que llevabas en cada gota de tu ser, trasegada en sudor, en vaharadas que se escapaban por tus poros, calientes mensajes que tu sangre maldita enviaba secretamente a la mía.
Y me gustaba repetir y gritar tu nombre simple, breve, escueto como tu vida y como la extraña austeridad que te rodeaba.
En tu casa, la casa del hijo de una de las castas más nobles y antiguas del país, no había ningún lujo superfluo:sólo una discreta, modesta sencillez.Una mesa, dos o tres sillas, el diván...Tu lecho, y un gran espejo de luna entera.Nada más.
Tu cuarto de ensayo, con tus papeles de música revueltos en el piso, y un ventanal que daba a ninguna parte.
Sólo eso...y tú.
Para qué más?
Yo he visto mil veces cómo preparabas, con tus propias manos, tu sencilla comida:un trozo de carne, pan, algo de vino.Un sorbo de sake para decir adiós al dia, un café, un cigarrillo...
Me maravillaba tu sencillez casi espartana, más aún sabiendo que, para muchos, eras una estrella que congregaba a miles de fanáticos que vivían colgados de la Luna creciente que llevabas a la espalda, frenéticamente asidos de la correa que amarraba tus piernas, adorándote...Como yo.
[ Como yo?...No!!!...JAMÁS COMO YO!!!)
Aquella noche previa al tiempo de nuestra huída fuiste particularmente cruel.El dolor y el placer se fundían en mí con cada embestida de tu urgencia, de tu precipitado viaje hacia cada uno de tus brutales espasmos, que te agitaban y me sacudían en un paroxismo de bestialidad y de gloria.
Locura, desesperación y plenitud.
El territorio más oscuro de la angustia.
Fuiste cruel, cruel hasta hacer brotar mi sangre, mis lágrimas, las llagas en carne viva de mi amor, sin ningún tipo de piedad...
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UN INVIERNO EN NAGANO(CUENTO)PARTE I

UN INVIERNO EN NAGANO

(CUENTO),por Aisha Tsufurujin(Kassandra Gauthier)

(LARGA METÁFORA DE LA SOLEDAD)
"Tal vez la única dignidad verdadera del hombre es su capacidad de despreciarse a sí mismo."(George Santayana).

(PRÓLOGO,POR MARÍA FERNANDA MEDINA(DRACULAS BLOOD)

CARTA ENCONTRADA JUNTO A LOS RESTOS DE IORI Y A G A M I
K Y O,ERAS UN TONTO ,O DEMASIADO INOCENTE ,YO TE DI LA ESPALDA ,E INTENTÉ QUITARME TU RECUERDO,PERO ABSOLUTAMENTE TODO FUE EN VANO.LA LUNA SIEMPRE FUE LA QUE TODO LO SUPO .TÚ QUERÍAS MOSTRARLO ,Y A MÍ NO ME INTERESABA ,LO SIENTO POR HABER ESTADO AUSENTE ,CUANDO ME NECESITASTE.ERES ,SIEMPRE LO FUISTE ,LA PERSONA MÁS IMPORTANTE EN MI VIDA.POR ESO AHÍ LA TIENES ,TE LA OFREZCO .AHORA ,TODO LO QUE TENGO ES TUYO.IORI.)

UN INVIERNO EN NAGANO






I

(Nagano, Enero 3, 2007)
Seguramente, jamás podré comprenderlo.
Seguramente, jamas podré concebir de una manera clara y racional todo este dolor desmesurado, toda esta angustia infame que se obstinó en invadir mi cerebro, en sacudir mi alma, desde el instante mismo en que te cruzaste en mi camino.
Mi consigna última era matar muriendo, o morir matando.
Y la tuya era idéntica a la mía.
[Entonces...por qué?]
Si llegara a enfrentar alguna vez cara a cara el descarnado rostro del destino, y pudiera desafiarlo a responder a la única pregunta distinta del silencio!:
POR QUE???!!!
El odio hubiera sido mas fácil, más obvio, más ligero de soportar.
Porque el odio no supone este estigma de vergüenza.
Pero, ya lo ves, no ha sido así.No es así.Y no será así jamás, aunque ahora tú seas tan sólo un rastro informe de huesos y cenizas, pudriéndote por fin en paz bajo la tierra.
Y quizás es esto lo único que no logro admitir.
Si bien el hecho de tu próxima, segura y temprana muerte era algo inevitable e irreversible, [al menos de que mi propia muerte se interpusiera, lo que-te lo juro!-procuré mil veces por innumerables medios], mi cuerpo vacío de ti no puede aún aceptarlo, porque tu definitiva e irremediable ausencia no ha relevado el dolor, no ha aniquilado la angustia, no ha eliminado el sufrimiento.
Muy por el contrario.
Y por ello es que estoy aquí otra vez, en el único lugar del ancho mundo donde puedo decir que alguna vez rocé, sin advertirlo, algún jirón de felicidad, enredado en tu cuerpo, retorcido bajo tu vientre como una trepadora absurda, gimiendo entre tus manos con todo el clamor de mi rendida sangre.Gritando.Amando.
Muriendo.
II
Después de que me hablaste de aquella tregua obligada en nuestra eterna reyerta, producto del sueño morboso de un pasado ajeno y absurdo, vivo muestrario de eso que llaman "honor"[y que inmediatamente murió en mí la primera vez que tus manos rozaron mi piel], no pude menos que mofarme de lo que supuse un atisbo de cobardía, y que estaba tan lejos de serlo como para poder decir con certeza que fue nada menos que tu jugada maestra.
Claro...Eras mayor que yo...Poco[tan sólo cuatro años], pero con un abismo de por medio, con un oscuro universo vivido, huyendo y rondando callejones y suburbios, hablando la jerga de los condenados, de los desheredados, de los malditos.Tú, que habías nacido, como yo, para ser el último guerrero de tu casta, para demostrar al mundo que aún se guardaba el honor...hasta en el seno mismo de la maldad y la vileza.
Por eso aquel día alcé mi mejor gesto desafiante y me acerqué, confiado.
Pero bastó que me tocaras.Bastó que insinuaras tu golpe más artero en la virginidad desprevenida de mi cuerpo, para enseñarme el camino del delirio.
-Existen mil y una cosas interesantes que podríamos explorar juntos, mi pequeño Kyo-dijiste, encendiendo tu enésimo cigarrillo del día, dejando que el humo volara desde la llaga de tu boca hasta el oscuro océano de tus ojos de noche eterna, sin que se moviera uno solo de los músculos de tu cara para expresar algo de aquello que el resto de los mortales llamamos "sentimiento".

III
Yo sabía de tus amores sucios.Conocía la leyenda que rodeaba a tu persona, desde la sombra de aquel padre al que siempre aborreciste, llegando incluso a declarar que el había sido tu único y verdadero enemigo.Ese padre que te enviaba dinero y prostitutas para envilecer aún más tu naturaleza, de por sí viciosa.Sabía que tú tomabas el dinero, pero que entregabas las rameras a tus amigos[debo llamarlos así?...], yéndote a buscar lo inconfesable por los rincones más oscuros y abyectos, pagando por el placer infinito del goce contra natura, por el acto infame, por el furtivo encuentro con otros como tú.
Tu sangre era demasiado fuerte, demasiado hirviente para lo que la generalidad del mundo llama "normalidad".
Entonces...buscabas otra cosa.
Todos lo sabíamos, aunque nadie se atreviera a pronunciar la palabra "sodomita" en tu presencia.
Pero tú no te preocupabas en ocultarlo.
Yo me asomé a la sentina de tus vicios, confiado en que jamás podría caer en ella, porque...Yo era un Kusanagi!Qué diablos!Y sabía muy bien qué cosa era el honor!
[El honor...El honor...Acaso existe palabra mas inútil y vacía de sentido?]
-Por qué me llamas "pequeño"?...No soy mucho menor que tú...-me atreví a preguntar en medio de mi inocente, estúpido orgullo.
-Porque tú eres pequeño , y siempre lo serás.Mírate.Pero mírate de veras...por fuera y por dentro.
Las palabras salían de tu boca con la misma acostumbrada indiferencia.Yo era un Kusanagi, maldición!Y estaba frente a ti escuchándote decir que siempre sería pequeño, sin que pudiera atinar a hacer el más mínimo movimiento!
No era el hecho de que me trataras con la misma fría llaneza con que hubieras tratado a cualquiera, no.
Era el hecho de ser quién era yo, y de ser quién eras tú...y era el hecho de que, mirándote, empecé a sentir que mi virginidad dolía, que todo mi ser dolía, que necesitaba imperiosamente que me tocaras, que te acercaras aún más, que me hicieras sentir el acre olor de tu cuerpo, la húmeda realidad de tu sudor, el espeso velo de tu saliva asomándose a través de la abertura fría de tus labios, duros como un tajo hecho a traición...viciosos como tu rincón más profundo, que no podía evitar con mis ojos cuando separabas tus largas piernas, sujetas en las pantorrillas por aquella absurda correa.
Cada botón de tu larga camisa era como un pasaje a la nada.Peor todavía que al infierno:a la nada!Allí justo donde se abría, partiéndose en dos como un camino sin retorno, afloraba la razón de mi locura, nacía la mano invisible que aferraba mi garganta, como algo quemante, espeso...denso...
Como cenizas.
Cenizas mostrándome la inutilidad del tiempo, la terrible verdad de nuestro destino final.
Y caí.Mi garganta ávida de ti me traicionó.Mis miembros ,entumecidos por el frío de tu indiferente presencia, me traicionaron también.
Me traicionó el fondo mismo de todas las impresiones que brutalmente herían mis sentidos:desde el sabor acerbo de tu piel y de tu boca, hasta la oscuridad profunda de tu voz, que pocas veces revestías de palabras, estallando como cataratas de aguardiente en el herido espasmo de tu risa.
Tu risa...
Puedo escucharla todavía en medio del silencio nocturno, cuando tiendo la mano para buscar tu cuerpo ausente, cuando apoyo mi cabeza en el sitio en donde tendría que haber estado tu pecho.
Tu pecho...
El páramo de tu pecho...La inmensidad desnuda de tu pecho...
Otro día más sin ti ha pasado ya.
Mira cómo se recuesta el Sol.
[Voy a buscar los mendrugos para nuestro pájaro de invierno].


(CONTINUARÁ...)