Escritos,historias y locuras.

domingo, 13 de noviembre de 2016


CAPÍTULO VIII:

LA FUENTE CIEGA

-Era todo tan ambiguo y confuso-prosiguió Alessandro-,que casi no me daba cuenta de lo que estaba ocurriendo entre nosotros.Pasó el tiempo;eventos;acontecimientos importantes,y otros no tanto;mi divorcio;la muerte de mi esposa;su tiempo de voluntario en el ejército... Vietnam...Malvinas...Líbano...Afganistán...Kosovo...El regreso , cubierto de heridas,y yo,cuidándole día y noche,dejándolo todo por humedecer sus labios febricitantes con algunas gotas de agua,y él que me rogaba por un beso que le negué reiteradamente...
Luego vino la idea de fundar la Organización, idea en la que pusimos todo lo que teníamos,y aún más.Los viajes,las cacerías,las investigaciones,los libros...y todo el reconocimiento que recibimos cada uno por su lado,y en conjunto.Lo digo con convicción:siempre fui bueno,pero él era el mejor.Sin duda alguna.
Tras el accidente en el que perdí mi ojo izquierdo,tal como yo había hecho con él,no se separó de mi lado ni por un solo instante.Creo que hasta ni comía,ni dormía:sólo velaba a mi lado,sentado junto a mi lecho.Recuerdo que bromeaba en público con los doctores y enfermeras diciendo que yo sería ahora un tuerto célebre como Aníbal o Wotan..Pero,a solas,cuando me creía dormido,lloraba con las lágrimas más amargas y desesperadas que he visto llorar a un hombre.Me acariciaba y besaba,murmuraba que él me hubiera dado gustosamente sus ojos,porque estaba harto de ver tantas miserias y mugre humana...me llamaba"vida de su vida y alma de su alma"...Partía el corazón,y sé muy bien que no fingía.Él se sentía culpable por todo aquello que no podía evitar,y por lo que pudo haber evitado:como si sobre su cabeza pesara la imagen del que vive en eterna culpa de omisión.Por ello bebía como una esponja,cada vez más,a tal punto que,cuando ustedes lo mandaron llamar,ya estaba hundid de lleno en el pozo sin retorno de su alcoholismo.
Tras aquel tiempo de fatiga sobrehumana y continua(tiempo en el que dormimos juntos más de una vez,abrazados,aun sabiendo que todo lo que la cintura separaba del torso nos estaba vedado), sucedió lo de mi retiro(no sé si fue el temor constante de sentir que trabajaría día y noche a su lado lo que me hizo optar por un alejamiento anticipado),y entonces fue cuando recibí aquella carta en la que me decía que,por fin,y como nunca antes en su vida,se había enamorado.
Lamentaba que el "pequeño monstruo de la Naturaleza,dotado de todos los dones como un arcángel oscuro en ciernes"(la pomposa frase no podía ser sino suya) fuese todavía casi un niño,apenas púber,absolutamente inocente en su ingenua perversidad.Su belleza pubescente y su arrebatadora inteligencia lo habían cegado hasta tal extremo,que ,contrariando todo principio establecido por el reglamento(el maldito reglamento!),se transformó en su mentor personal,arriesgando incluso que Van Houten(quien todavía andaba dando vueltas por Europa Central ) le diera caza.
Se lo llevó consigo a Buenos Aires,con el consiguiente escándalo(un chico de catorce años,un pequeño genio presentado por un protector de renombre...y de,infortunadamente,pésima reputación en su vida privada.)
Dal Monte hizo una pausa,y bebió un largo sorbo de café.Durante esa pausa,Nikolai sintió que el universo se desmoronaba otra vez.Un universo cuyos pedazos trataba de ordenar y armar a ciegas,arañando hasta sentir que las uñas le sangraban,en un esfuerzo sobrehumano por aferrarse a su pobre,mínima,misérrima esperanza.
-Sabes si hubo algo entonces?-inquirió,y entonces,él,el hombre que no retrocedía ante nadie ni ante nada,se confesó a sí mismo:"Soy cobarde".
-No.Su ética(porque la tenía,aunque retorcida e incomprensible para los otros) no se lo permitía.El chico tenía apenas catorce años,y,salvo por su abrumadora superioridad intelectual,se conducía aún como un niño.Y él parecía feliz en su rol de padre adoptivo.Orgulloso y feliz.
Un día vino a casa para hablarme exclusivamente de él.A decir verdad,habló bastante poco.Me mostró fotografías(era un obseso:fotografiaba a todas las personas de su entorno y desplegaba las imágenes frente a sí,mirándolas intensamente,insistentemente,como devorándolas con los ojos).Luego tocó el piano casi toda la tarde,y me dijo que sabía que yo podía inferirlo todo con sólo escuchar la música.
-Y pudiste?
-Sí.Pude.Tú sabes muy bien que ,cuando él quería,sabía hacerse entender sin palabras.
Encendió un cigarrillo,y dijo,gravemente:
-Ahora,aparte de todo esto,y respondiendo a tu constante demanda:sí;yo creí ,efectivamente,que los crímenes habían tenido lugar .
Cuando Georges L'Heureux,el comisario de la Surêté, recibió las fotografías,sin remitente,me mandó llamar,y volé a París esa misma tarde. Juntos constatamos los nombres de las supuestas víctimas.Las fechas coincidían con su estadía en los países involucrados en el asunto.-Dal Monte dio un puñetazo en la mesa-Y yo lo creí!Alguien que había hecho lo que él aseguró haber hecho con Jan Van Houten;alguien que había castigado de una manera tan despiadada como cuando, en su momento,acometió a los que humillaron a Mischka en la Universidad,era muy bien capaz de esto,y aún de mucho más!
Nikolai temblaba,y hacía esfuerzos para que no se le notara.De pronto sintió que ya no debía preocuparse más si la turbación manifiesta era evidente.Fue algo súbito: sintió que todo era ya inútil.
-La culpa tal vez fue mía-Dal Monte prosiguió.-Debí haber investigado más a fondo.Ya ves:estos tipos de ahora lo resuelven todo con un simple clic.En lo que respecta a quién envió esas cartas y esas fotografías,y por qué demonios lo hizo,no tengo ni la más maldita condenada idea.
Alessandro Dal Monte suspiró largamente,terminó su café,se acomodó el largo impermeable gris,y tomó su sombrero.
-Debo irme.No regresaré a Buenos Aires con ustedes.Por lo tanto...adiós. Despídeme de los demás,por favor.
-Espera!Falta un detalle.
-Cuál?
-Por qué nos aconsejaste siempre que disparáramos a matar? Y cómo sabía él que vendríamos?
-Porque él así me lo había rogado .Y sabía que vendríamos porque él mismo me pidió que les avisara.Por ello no me preocupaba en absoluto Mischka : sabía que no correría peligro alguno.
-Tenías noticia de que estuviera enfermo de cirrosis terminal? Sabías de su mal?
-Siempre lo supe.Siempre.Y estaba dispuesto a parecer cruel y hasta inhumano si ello podía ahorrarle sufrimiento.Él ya había padecido demasiado en esta vida!-suspiró-Por eso te digo...te aconsejo como amigo,no como profesional:Nika,ten cuidado.Cuando se pierde el sentido de la realidad en pos que una quimera,cuando las cosas se despojan de su materialidad y todo se torna confuso ,como diluido en una especie de ensueño que no cesa....es el dolor quien ronda cerca.Y,con el dolor,la miseria.Miseria del alma,soledad del espíritu,enfermedad que se acrecienta con el tiempo,y nos agota,nos aniquila,poco a poco,bebiéndonos la vida gota a gota.
-Es lo que le sucedió a él?
Alessandro Dal Monte asintió.
-Y a mí-agregó,antes de salir lentamente por la puerta que se abría a la noche,para recibir la última caricia tenebrosa de un pasado que se había evaporado definitivamente al aventarse aquel puñado de cenizas.
Sobre la mesa habían quedado la Eibar 38 y una fotografía vieja. Nikolai se guardó el arma en el bolsillo,y miró la imagen,que,a la pobre luz de la lámpara,adquirió un tinte fantástico. Era Abravanel(tendría poco más de veinte años en esa imagen,pero lo reconoció por aquel "aura inconfundible" que emanaba de una luz rara,incisivamente familiar,desde la niña de sus ojos),disfrazado probablemente para una fiesta,en traje de espadachín ,con mostacho y perilla a la española;el cabello largo, negro,y otra vez esos ojos brillantes,encendidos por una malignidad que era una mezcla de ternura socarrona, agudeza infinita , insolente desprecio y atroz desamparo..Ojos desgarradores en un rostro sonriente...Nikolai Sergéievitch Lutbimov reconoció en aquel joven las facciones de un sefaradí de pura cepa.
Había sido hermoso en ese lejano tiempo,sin duda.Sintió una inmensa piedad por él, por Alessandro Dal Monte,y por sí mismo.
Apuró su copa,se guardó la fotografía en el mismo bolsillo con una especie de extraña misericordia que le sorprendió por lo profunda e insólita,y subió escaleras arriba.


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